viernes, 30 de mayo de 2014

Texturas II: Madera

El misterio
de unas ¿aparentemente? caóticas
marañas de grietas.

El placer
de perderse
en el laberinto.









lunes, 19 de mayo de 2014

Texturas I: Caracolas

LA PERFECCIÓN
DE LO PEQUEÑO
DE LO APARENTEMENTE
INSIGNIFICANTE

Ostra. 15 cm




Caracol marino. 3 cm
Caracola. 4 cm
Caracola. 3 cm
Caracola. 2 cm

miércoles, 7 de mayo de 2014

El Guardián de los Muertos: Giacometti en su Taller



Foto: Ernst Scheidegger. 1954

















Alberto Giacometti llega a París en 1922 desde su Suiza natal con 21 años de edad.

Tras recorrer casas de huéspedes, pensiones y algún otro estudio, por fin, en 1927 se instala en el que sería su estudio taller y vivienda durante treinta años, en el número 46 de la rue Hippolyte Maindrom, en el barrio de Alesia.

El estudio tenía no más de 20 metros cuadrados, con techos altos y un balcón acristalado al que se accedía por una escalera y en el que instaló la cama su hermano Diego. Alberto tenía su cama abajo, junto con una mesa, un armario y el caballete de pintar; el aseo era comunitario y estaba en un patio interior, donde había también un grifo para sus someras abluciones.

Foto: Ernst Scheidegger. 1954






































Giacometti no salió de este taller excepto durante la guerra mundial para refugiarse en su Suiza natal, antes de marcharse enterró sus esculturas en el patio interior para esconderlas de los nazis, recuperándolas a su vuelta.

A lo largo de las tres décadas en las que el artista vive en la rue Hippolyte, desarrolla una extraña pero estricta y agotadora rutina que lo lleva a trabajar toda la noche y dormir de día.

Tras su boda con Annette Arm, una compatriota suya, accede a mejorar ligeramente las condiciones de habitabilidad del estudio como sustituir el suelo de tierra batida por baldosas, pero Annette termina por irse a vivir a un piso que ella decora a su gusto.

Foto: Ernst Scheidegger. 1954

























La pintora FranÇoise Gilot dejó un testimonio elocuente del ambiente del taller tras una visita al mismo junto a Picasso:

"Cuando entramos en el estudio me sorprendió el grado en que el aspecto físico del lugar recordaba a la pintura de Giacometti. Las paredes de madera parecían estar impregnadas del color de la arcilla, casi hasta el punto de parecer construidas de ese material. Nos encontrábamos en el centro de un mundo formado por arcilla y poblado de estatuas, algunas de gran tamaño y otras tan pequeñas que apenas eran visibles. En parte alguna se veía la menor nota de color que se mezclase con aquel gris constante que lo cubría todo. Viendo a Giacometti en sus dominios me dí cuenta de que al igual que cada objeto de su estudio: pinceles, armaduras, frascos de trementina... él había tomado aquella coloración y no podía escapar al mismo destino...".

Alberto Giacometti se mimetizó con los objetos que él mismo creaba, con las figuras escuálidas que Jean Genet denominó "los guardianes de los muertos", le llegó la fama y el dinero pero no abandonó a sus guardianes ni a su rutina hasta que un cáncer de estómago le obliga a ingresar en un hospital suizo donde muere en 1966.

(Información extraída del libro "En el Taller de Giacometti" de Michael Peppiat, Editorial Elba)



Google Street View, el estudio en la actualidad

jueves, 6 de marzo de 2014

La vida es un hospital


La vida es un hospital

Donde casi todo falta

Por eso nadie se cura

Y morir es ser dado de alta



Pessoa

martes, 4 de marzo de 2014

La Gallina de Ted Hughes

La Gallina
adora el polvo. Encuentra a Dios dondequiera.
Dondequiera encuentra sus joyas.
Y le trae sin cuidado
lo que piense la col.

Ha olvidado como volar
porque interpretó positivamente
su recurrente sueño
de cuchillas de carnicero y hornos calientes,
y la pequeña hoja del cortaplumas
rajando su paladar.
La gallina aletea, como cestas de huevos,
para mostrar su desprecio
por aquellos que viven evadiéndose
y un futuro de cielo vacío.




La Gallina escarba, con sus nobles, incansables patas,
el tesoro de la basura,
y cloquea con un mecánico son de reloj despertador
que eligió en vez del canto
cuando el creador
separó a los Trabajadores de los Cantores.

Con la mirada siempre puesta en la ansiada recompensa
inclina religiosamente la cabeza
en el ángulo más propicio,
en el que mejor le revela
que el zorro no es más que una superstición popular,
que sus huevos han convertido al hombre en su esclavo
y que el cielo, a pesar de sus amenazas,
aún no se ha desplomado.

Y qué severa es. Ante su mirada feroz, la sangre
(esa debilidad) es castigada al instante.
La Gallina es un monumento de bronce a la rectitud.
Y jamás se permite nada
salvo desmayarse un poco, un ligero, delicioso desvanecimiento,
con un ojo cerrado antes de dormirse,
conjurando el aroma del estragón.

Ted Hughes, (1930-1998), está considerado por muchos críticos y lectores uno de los mejores poetas en lengua inglesa de todos los tiempos.